​A propósito de periodistas y deportistas

​A propósito de periodistas y deportistas

Se saludan como conocidos, se hablan por educación y se dan la mano sabedores de que son parte fundamental del espectáculo. Se necesitan, pero entre cortesía y apariencia siempre se entrecruza una mirada de desconfianza, un brillo de navaja que pone distancia a los gestos. No todo es lo que parece: deportistas y periodistas deportivos mantienen una bonita relación de cara a la galería y un inconfesable recelo en el cuerpo a cuerpo. Hubo momentos de cercanía, pero ahora mandan las empresas y los deportistas parecen secuestrados por sus clubes y los periodistas pegados a un ordenador sin oler el césped. Cosas de estos tiempos en los que una red social corre más que una noticia, y un rumor se paga mejor que una confirmación.


Se necesitan y a veces hasta se respetan, pero en general suele haber cubitos de hielo en la relación. El periodista se queja de que el deportista no entiende su trabajo, y el deportista de que el otro no tiene en cuenta su esfuerzo y su sudor. El periodista lo quiere todo ya, ahora y rápido, el deportista prefiere imponer sus condiciones. Para uno la anécdota le resuelve una historia, para el otro un record (o un gol) nunca es una anécdota. 

Las susceptibilidades suelen durar un tiempo corto que a ambos les parece largo, hasta que llega un día en que las capas tectónicas de la desconfianza se asientan y se evapora la sospecha. Suele ocurrir cuando el deportista otea su declive y comprueba que ya no es el centro del universo, y cuando el periodista confirma que nunca ha sido ni será el motor imprescindible para que el universo se mueva. Ni un gol vale tanto, ni un record es una vida, ni una crónica un arma de destrucción. 

Es entonces cuando se rompe el hielo y desaparece el brillo de las navajas. A veces es demasiado tarde pero en ocasiones surgen sinceras amistades.   

Paco Gamero, Periodista y Director Académico del Máster en Periodismo Deportivo.

 

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